5.21.2013

Flores que penden de un hilo


 Resbala de las manos y se deja mecer por mis mejillas, helada escarcha la que contemplan mis ojos al unísono. Se muere el tiempo, se marchita la primavera, cae la flor. Fui una tonta por aquella descabellada estupidez. Sufre mi corazón, por saber que era lo mejor para mí, por creer que podría ser mío, cosa que imposible veía. Se va la vida, que dice adiós con lágrimas arropadas por el silencio, que se juntan en el centro de aquel océano sin ser. Me caía del precipicio a la deriva de morir en coma. No vivía en mi, no disfrutaba de ser lo que soy. Estaba harta de mí misma, de un borde ingenuo, de actos que no esperaba ver así, de la gente hipócrita y sin amor, estaba fuera de lugar de mi cuerpo, lo odiaba, odio toda yo y todo lo que me rodea, no sirve ni sirvo de nada ni para nada, nadie va a venir a consolarme como en los libros que tan bonito lo pintan. Nadie iba a sufrir y compartir lo que yo sentía, lo que yo veía, no iban a entender porque estaba así, si yo sola me rebanaba los sesos con tanto esmero por suponer quizás esa cierta verdad que me colgaba de un hilo y me dejaba vacía, hueca, inerte y dolorida. Sólo quería llorar en compañía de mi soledad, sólo quería romper espejos y clavarme los cristales en el pecho, quería desaparecer de este mapa cruel. Quería cortarme las venas con furia y rencor, ser la hija de puta que mi cuerpo esperaba, quería desechar la grasa que contenían mis penas y recuerdos. No quería, no quería, no quería. Todo se iba, no estoy bien, asumía que me partía el corazón, que se desmadejaba por el suelo y corría a salvarse, que la que se alejaba era yo, para no volver. Jamás. Que llegué a un punto en el que no importa, ni preocupa, que llegué a un punto, a un momento en el que no se siente nada. Que nadie preguntará que me pasó, porque le preocupo a alguien?  Que sólo quedamos el eco y yo entre la brisa templada que cubría la habitación. 
A veces prefiero morir mil veces que quebrantar la realidad.

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