7.04.2013

Me dedico por las esquinas de la calle amargura


¿Qué se supone que debes hacer? ¿Sentarte a verme morir? ¿Morir conmigo? ¿Reír mientras yo susurro plegarías? ¿Llorar de felicidad cuando me suicidio bajo esta fachada? ¿Qué se supone que debes decirme? ¿Qué todo va a estar bien? ¿Qué las cosas se arreglarán?... No, por una sencilla razón: Que nada cambia, que las cosas sólo modifican a la cruel verdad que siempre está en el fondo de todo esto, hasta que sale y te hacer caer a golpes, a llantos, a cortes, te hace romper, ocultar lo que sientes, te hace que te jodas viva en este mundo que tampoco es que sea para tirar cohetes... ¿Porqué todos culpamos al destino? Si el destino es un producto de esa verdad y las casualidades son las mismas realidades maquilladas en encuentros furtivos. Todo es traicionero en cualquier momento, como tu mismo, como tu propia alma. Tú, yo, cada uno de nosotros somos los primeros que recibimos traición hacia nosotros mismos, nos herimos con tonterías e intentamos perjudicarnos haciéndonos víctimas de algo que no existe. Queremos sentir libertad pero... ¿es que acaso podemos? ¿Es acaso que somos capaces de mirar hacia un lado sin ver el mal? Podríamos ser eternos como un mar pero sólo nos quedamos cortos por culpa del... ¿Del destino?, ¿de la verdad?, ¿de las casualidades?, ¿de las coincidencias?, ¿de las personas ajenas a nosotros?, ¿de nosotros?, ¿de las circunstancias que se presentan?... No lo sé, pero tampoco podemos hacer nada al respecto, es culpa como decís vosotros de este destino trágico y cruel que nos crucifica en vida, llegando a la muerte por nuestro propio bien.


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