12.24.2015

Get lost


Yo soy esa que se mira en el espejo y no se quiere.
Una más de tantas que suicidan su cuerpo.
Aunque parezca que si, sólo es pura coincidencia
o más bien, la costumbre.
La costumbre de verse en el espejo,
de saber que no hay remedio a que
esa eres tú, no otra.
No el cuerpo de otra.
La costumbre de ver siempre pintadas en negro
las imperfecciones que a una van comiendo.
Tener miedo de quedarme desnuda 
y no gustar, dar asco.
Porque se que si veo en sus caras
un atisbo de disgusto, de desprecio,
me convertiría en un ser insoportable
para mi misma, ridícula y horrenda.
Que no sabe más que desollarse viva,
y tan viva, sus ojos la miran.
Mis ojos me miran, me analizan
y son malvados porque solo me esquivan,
intentan esquivar los errores obvios.
Mis ojos no me aman, ni si quiera 
se quieren entre ellos, porque 
no me acarician.
No me envuelven en abrazos, ni en besos.

Si yo pudiera mirarme como a ti te miro,
si yo pudiera verme como a ti te veo
y ser una más del ego.
Si yo pudiera desquitarme de esto
y pasar sin temor a que vuelva
mi conciencia, diciéndome lo inútil
y poco bonito que es mi cuerpo.

Si puedo convivir con ello,
y como he dicho es una costumbre,
que enferma, 
porque aunque no ame mi cuerpo,
lo acepto, rindiéndome.
No me queda otra.



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