12.04.2016

Psico

No creo que me escuches hablar,
porque no lo hago.
Tampoco, que te sonría,
porque no lo estoy haciendo...

Sólo mis ojos.

Mis ojos son los que miran gritando,
llamando a no sabe qué ni con quién.

Somos idas y venidas
llenas de ausencias y carencias,
que no saben como llenarse
pero no dejan de insistir.
Somos vacíos, huecos prolongados en grietas,
corazones rotos que arañan la carne
y mentes depresivas, suicidas,
colocadas a veces de felicidad,
embriagadas de ilusión y esperanza.

Intento mantenerme en una falsa calma
y en un estado de positivismo.
A veces vago llena de inspiración,
llena de elocuencias y con pensamientos claros.
O cada día más claros,
Y otros, otros parecen una jarra de agua fría,
pero esos ya son mucho menos.
Porque no quiero verme así,
no quiero tristeza en mi vida,
ni personas tóxicas para mí.
Simplemente no quiero mirar atrás
y si miro que sea como el recuerdo 
de una película desvaneciéndose.

Hay tantos recorridos,
tantos caminos, tantas puertas
y tantas salidas,
que por tantas posibilidades
a veces la cagamos 
y cometemos el error 
de equivocarnos de puerta, 
de personas, de aberturas.
Y no sabemos como remediar la situación.
Esperando que el tiempo
arregle todo a su paso,
que lo arregle todo como sea.




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