5.11.2013

Vuelve el invierno


Flores en el ático derramadas en aquel frío y seco suelo disimulaban las largas lágrimas que recorrían mi cara haciendo surcos al lado de mis pies. El sol se apagaba por cada momento de nube y lluvia, entre el silencio de aquella habitación, llorando y tiritosa estaba mi silueta postrada en la pared de fotos que son recuerdo y parte de aquella historia. Miraba vacilante el paisaje nublado, expectante de alguna salida sin sentido, colaborando con mi insignificante existencia y simple vida. Era una tonta esquizofrénica utilizada por y para el por venir de la gente. Horrorosa ante el espejo y con complejo de vida hallándome al borde del sentido. Morir, volar, pensar, ir, desaparecer, todo en un instante se pasa en mi cabeza, con terribles ganas de reventarme los sesos y culpar al destino de toda esta mierda, necesitaba que alguien me salvara y ocultara todo lo que llevo encima, intentando ser feliz ante mi rostro, quizás un momento, quizás siempre sea cariño, amor... Loca de agonía, perezosa de felicidad y libertad, se me consumen las ganas de vivir y empezar un nuevo camino, cuando soy víctima de todo esto, del pasado, del presente, del futuro, de mirar a caras y ver sus miradas de asco, odio y repugnancia. Pienso que no tendría que haber existido, que yo estaba hecha para estar muerta y no haber pisado nunca a la humanidad. Que ni mi nombre ni mis apellidos tendrían que haber pasado de boca en boca y que aunque fuera víctima de este cuerpo que acojona y cabeza que chorrea soy una más en este castigo, presionando el fondo de huir y gritar, de cortar todas mis putas y asquerosas vivencias que marcaban cada paso hacia esto. Despacio y lento lo sentía, lo sentía mucho por hacer sufrir a los que menos culpa tienen y sufrieron junto a mí, aunque ahora mientras sufro en este pedestal de recuerdos vivos acabo muerta de por vida intentado barajar lo que pasa. La mejor solución sería morir, no volver a ver esto que me encolera y fébrilmente me hace ahogarme en mis propias lágrimas de pena. Porque me doy pena a misma y acabo llorando frente a un espejo de ser como soy, de no compartir con alguien lo que llevo y de no confiar por miedo a la traición. Quiero correr y dejarme atrás todo, despegar mi alma de este mentiroso mundo y volver a nacer de un comienzo, volar entre los bosques y desparecer por los valles y campos, ser libre y ser esperanza de alegría. Pero... a veces acabo matándome a mí misma. 


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