10.11.2012

Reír por no llorar... En esa noche oscura, habitada por estrellas blanquecinas en el cielo, árboles en penumbra, luces que no cesan, criaturas desconocidas... Riío, suspiro, escucho el susurro del aire en los árboles acariciándolos mecidos en su acompasada melodía, el revoloteo de algún pájaro medio despierto y el hormigueo de mi cabeza postrada en el suelo... Las luces del final de la ciudad, paseos mecanizados, al principio de donde empieza todo estoy yo, sentada, dando vueltas como una tonta, y me pregunto qué hago aquí, preguntas retóricas sin respuesta, algo alternativo seguro, tapada con una manta, lloriqueo, soy nenaza ya crecidita, pero que tropieza constantemente en los baches de esta vida... El tiempo pone a cada uno en su lugar, me decía, todos seremos libres algún día de estos, pensar en morirse como en levantarse una mañana cualquiera, despertaré cuando llegué el amanecer, en mi cama, con la cabeza bajo la almohada y seguramente con dolor de cabeza, no me acordaré de que estoy aquí contemplando la ciudad en vista lejana en la noche del azotado viento invernal... El silencio un expectador más de esto, lo miro, desafiante a espensas de que me hiele la cara pero me da igual, esa sería la respuesta, la solución, de que estoy viva, y tengo un largo camino por recorrer, todos estamos aquí para algo no?, estas caídas, mañana serán levantares que empiecen con el pie derecho, escucharme me parece irónico, pero es el único consuelo que tengo y la mejor esperanza que podría encontrar, descubro versos que yo misma he sabido componer a base de caídas y subidas, los leo y releo, me impulsan porque sé que mañana será un nuevo día.

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