2.24.2013

To


-Pasó una semana de aquella atolondrada y perspicaz penuria-

Nos difundíamos a un camino sin salida, a la carretera que conllevaría a nuestra desgracia.
Los árboles nos dejaban a penas vislumbrar las últimas gotas del amanecer.
Éramos jóvenes e ingenuos, dirigidos por el impulso de un trágico destino.
Nuestros únicos testigos, aquellos cipreses de los que me enamoré junto con su contraste 
del grisáceo cielo.
La colina se observaba a lo lejos, pronto la tendríamos cerca y dispuesta a acogernos.

-Para - le susurré. Aquella luz provenía del fondo del bosque mortífero e implacable. Nick me sigue con paso firme.
-Espera - me dice con voz titubeante y ralentizando el paso. Él también la había visto.

Fuimos dando pasos eternos, pero aquella luz se iba alejando...
No quería que la viéramos.
Desapareció de la nada.
Nos quedamos con nuestra ilusión de niños pequeños.
Montamos al coche, continuamos con nuestro camino.
Nick aceleró el coche dispuesto a subir la colina, 
la luz nos esperaba alli, llamada muerte, ninguno lo sabíamos. 
Permanecimos en silencio.
Irradiaba felicidad, era de color amarilla purpúrea. Nos acercamos a ella 
dejando el coche en el principio de nuestro final.
Estaba en la punta de la colina, nosotros en el medio, 
cogidos de la mano, caídos hacia un precipicio. 
Era una ilusión, quedamos hipnotizados, fuimos unos tontos, la muerte nos esperaba.
Lástima que aquel día terminara sin nosotros.




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