4.13.2013

II


Sucias manos rozaban mi cuerpo,
con cansada mirada anhelando la muerte,
ya que, mi cuerpo era la espina que colmaba
cada toque de su estropeada piel.

Con sus yemas prolongaba el malgastado cariño
que poco consideraba tenerle, con sus yemas solo
conseguía calmar la poca paciencia que podía quedarme.

Se alargaba, colmando de besos cada centro de placer,
no quería que lo notara, era imposible, mis ramificaciones no mentían.
Era suya, él lo sabía por poco tiempo.

Era presa de un maldito depredador desquiciado en mí,
loco de rabia, loco de amor, de sexo, de ultraje. 
Era mi marido, mi insaciable y asqueroso hombre, yo, 
su reina, postrada para él, contra él. 

Su desvanecida y viciosa sonrisa me aniquilaba,
haciéndome recordar que tenía el poder, que tomaba el control
de mis manos y me dejaba desmadejada encima de él.

Cada látigo de mirada lasciva hacía mis ojos
me hacía enmudecer, 
pensando que pronto será mañana para dejar de pensar
que mi corazón estaba rompiéndose
con cada toque de este minúsculo y mal valioso hombre.

Dormida entre sus brazos y sábanas calientes,
frías sin amor, quedé despedida de este
que pronto murió dentro mi.



2 comentarios:

beeeeeeeel dijo...

¡Hola! Sigo tu blog desde hace tiempo, me gustan tus entradas y tu estilo.
Me gustaría que te pasaras por el mío y me hicieras follow-back, me haría mucha ilusión :3
http://www.besuntanned.blogspot.com
¡Un beso enorme!

Inia Hepburn † dijo...

Claro te sigo! Besos