6.09.2013

Pequeña


Se iba y se marchaba su tiempo con él. 
Quedaba nada, quedaba susto.
Ahogada en su castigo y el mío.
Sumisa de compartir sus lágrimas y las mías.

Se apagaban mis últimos suspiros cuando el dobló,
y se dejó su última brisa flotando en aquel.

Siempre quedarán las rosas que añoran
 frías e inertes, mojadas entre la vigilia de la noche,
nuestros pocos restos que nos guardan recuerdos.



No hay comentarios: