6.10.2013

Libre ante el destino


Felicidad conocida por su nombre.
Una canción que nos acompaña en cada balada de aquella
banda sonora de vida y futuro, un echo, nuestra verdad.
Callao, calla, tu y yo libres a explorar.
Supongamos que la gente es invisible, inexperta a nuestros ojos.
Sólo quedamos Madrid, tu y yo.
Empecemos nuestra pequeña ruta de amor y coloquio:
El edificio Schweppes nos vigila inquieto por nuestros pasos,
a esperas de convertirnos en artistas.
El interminable paseo que nos guía en la Gran Vía,
suponiendo, disfrutar, canturrear y de quizás la meta que en su día
fue posible. Coches por doquier circulando a un punto muerto.
Caras desconocidas riendo y pasando como el aire, olor a ciudad, 
a café caliente recién hecho. Olor a nosotros.
Azoteas acariciadas por el sol de poniente, vistas desde el cielo
al Madrid de los Austrias, volver a los comienzos inexpertos,
sentirse nueva de vitalidad, volar entre ella, vivir. 
Nada más faltaban las palomitas! y allí, medio acostados
en la terraza de Bellas Artes.
Sueños que caminan cogidos de nuestras manos al recorrer
 los edificios majestuosos que se apiadan de nosotros.
Incrédulos y sin vista aterrizados por el Paseo del Prado,
tanto árbol cubriendo nuestras miradas, cegados de cercanía
y amistad, así es esta ciudad.
La Puerta de Alcalá nos abre las puertas al recuerdo,
a los viejos tiempos y añoranzas, melancólicos y risueños.
Entramos por el Retiro.
Cuando en un lluvioso día se recuerda a los parques de cuento
y a los bosques de ninfas.
Sentaditos, protegidos, llueven entre nosotros las
imágenes de los inviernos fríos en el estanque, con los patitos
revoloteando entre el agua.
Los niños cansados de jugar tiran trozitos de pan y se animan a subir a las barcas,
tan mojadas como sus sonrisas al mirar el cielo.
El Palacio de Cristal espera echarle un vistazo, arrebolado por el sol,
y en compañía de los más bonitos árboles y su frondoso lago.
Se ubica medio escondido, intimista y muy respetuoso, pacífico
y vulnerable.
Cibeles, Cibeles, frigia que no te duermes, acompañada de fuentes 
y leones centro de atención de los coches.
{...}
No quisiera parar de hablar, no quisiera dejar de ver,
es la ilusión hecha realidad, un sueño, un futuro, un hogar,
eres tú, mi Madrid, nuestro Madrid.
No me cansaría de añorarla y mirarla, del sentimiento que me produce
estar allí, la seguridad que me aporta al escucharla, 
hablaría de todos sus rincones,
de todas sus almas, pero se haría demasiado largo para tan poca
memoria.
Que podamos contemplar muchos años más esta gran ciudad,
como es ella: Preciosa.
Que de Madrid al Cielo hay un paso, pero que sólo lo ven
los que llevan en la sangre su verdadero corazón.


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