10.03.2013

angelene

Ella no era el sol de la mañana, ni la noche de este día. Ella no era más que la sombra, no como un pequeño árbol que refleja su naturaleza y con el tiempo empieza a vagar... Sino una libélula sin maestría, diosa de la oscuridad y el miedo. Perfecta en su imperfección, dormida, tórrida de vida y razón. Idiota de mí que la confundía con el rubor de una rosa, con el olor a sándalos. Pero yo, me acuerdo de ella, me acuerdo de como espiaba su imaginación y la contaba, de como se emocionaba y brillaba en la aurora. Yo me acuerdo de cuando reía salvajemente y lloraba en la penumbra de la luna. 

Ella me miraba del reverso, recordando aquel interior beso. Todo el mundo sabía que existía, todos la veían, más ella solo me veía a mí. Su maravillosa creación. Cosa que nunca entenderé. Cuando se acercaba al oído me hacia cosquillas y sonreía de esa forma tan preciosa, que hermosa se le quedaba corto. Sentía a las personas tal y como expresaban ser. Rozaba sus caras y se imaginaba a monstruos que venía del mismo infierno del que estamos hechos, y se asustaba. Pobre, la tenía que consolar y abrazar, y cuando se calmaba, respiraba plácidamente entre mis brazos, alzando sus brazos y acariciando con las manos mi nuca. Era suave su toque, como el musgo en la hiedra. Como sus rizos cuando vuelan en la brisa y dejan su aroma. Nadie sabía que era capaz de dar tanto y a la vez tan poco. Pero eso es porque nadie quería conocerla, y la traicionaban, por eso, solo confiaba en mi y en si misma. Éramos ella y yo, unidas en el nunca y el siempre. 

Mi adorada yo que en sueños luces así, más no como en la realidad me gustaría, que nunca lo has hecho siempre.


2 comentarios:

Glo dijo...

Que belleza de expresión!
Me recuerda a un sueño mío (con una excompañera) :P

Me encanta, te deseo lo mejor, bye :)

Claudiettha J.V. dijo...

A veces los sueños son a la vez hermosos como crueles. Un texto precioso.

Besos