11.11.2012

De color en sepia.

Me encuentro en esta habitación vacia, solitaria, pura donde el silencio es el anfitrión en todos los casos, ocupada por dos ventanas y una mesa, en el centro me encuentro yo, mirando, esa foto, ese marco, ese recuerdo, ese momento, esa ilusión, esa vida... Soy yo la que está reflejada en aquella fotografía encuadrada en 10 años menos, enmarcada en sonrisas que no volverán, desdibujada por las esquinas carcomidas por el tiempo, allí, ella, la única criatura alegre del cuadrado en el que me encuentro, en sombra, en sol, siempre feliz. Esa chiquilla de la cara graciosa y pícara que no pasaba indiferente, la niña espabilada y mimada de la familia, que ya se apagó y murió, maduró y se largó, pero que quedó convertida en papel, encarcelada en el cristal de todas las miradas que llegan de vez en cuando a esta habitación... Esos ojos que me analizan por encima pensando que aquello no volverá, que ya pasó y que me quedé suspendida aquí, postrada en esta mesa que pronto será remplazada por nada... Me voy, ya que solo en esa habitación quedo acompañada por el silencio y la sonrisa amarga de aquel día en el que mi infancia era lo más maravilloso.

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